Los vestidos más icónicos de la historia de la moda

Hay vestidos que en cada una de las épocas en las que se han lucido, han ayudado inmortalizado el momento o el acontecimiento. No cabe duda de que el mérito principal se lo llevan las mujeres que los lucieron, la mayoría de ellas iconos del cine o de la música. Audrey Hepburn, Marilyn Monroe, Diana de Gales, Lady Gaga… Mujeres que por su carisma o popularidad consiguen crear tendencia, o que los vestidos que llevan en algún momento pase a formar parte de su propia historia, o de la de la moda. 

Vamos a repasar algunos de esos vestidos, considerados icónicos por diferentes motivos. Algunos porque crearon tendencia, otros porque eran rompedores y sorprendentes, otros porque son indisociables del personaje que los lucía.

Los vestidos de Marilyn Monroe

Esta mítica  y controvertida actriz, protagonizó alguna que otra de las imágenes más famosas de la historia del séptimo arte. Sus dotes interpretativas fueron muy discutidas, pero la increíble fotogenia de esta mujer, unida a su extraña aura mezcla de sensualidad, fragilidad y aparente ingenuidad, dieron origen a tu mito. Uno de los 10 vestidos más icónicos de la historia lo llevó ella: fue en 1955 , en una escena de la película “La tentación vive arriba”.  En la escena Marilyn se encuentra en la calle, sobre una rejilla bajo la que pasa el metro  de  la ciudad de New York, cuando una ráfaga de aire le levanta la falda del vestido. 

Era un modelo blanco diseñado por Troy Miller, compuesto por cuello halter, escote profundo, tejido de rayón y acetato. Probablemente si lo hubiera lucido otra persona en lugar de Marilyn,  el vestido hubiera pasado desapercibido. Pero lo cierto es que consiguió que la película fuese recordada precisamente por esa escena, que está grabada en la retina de todos. La escena levantó mucha polémica en esa  época, y se rumorea que motivó en parte el divorcio de la actriz con el dramaturgo  y guionista Arthur Miller.

Audrey Hepburn y desayuno con diamantes

Otra imagen para la posteridad es la de Audrey Hepburn, icono de la elegancia y la sofisticación, enfundada en un vestido negro de Givenchy en la película “Desayuno con Diamantes”. El título original de la película, que se estrenó en 1961, fue Breakfast Tiffany’s, y el afamado diseñador francés fue el encargado del vestuario de la actriz. Pero hay una particularidad en este vestido que merece la pena conocer.

El modelo original era de satén italiano y mostraba mucha pierna, algo que no convenció a Blake Edwards, el director de la película. Entonces recurrieron otra importante diseñadora, Edith Head, para que modificase la parte baja del vestido y fuese  menos sexy.

Esto significa  que el famoso vestido que Audrey Hepburn lució en la película no es el original de Givenchy. La pieza auténtica fue presentada por primera vez al público en 2006 por  la actriz Natalie Portman en la portada de Harper’s Bazar. Ese e mismo año el vestido original de Givenchy fue subastado por una cifra aproximada de 470 mil libras. Otra razón pues para que esté considerado como otro de los vestido más icónicos de la historia.

Hubieron otros modelos de diferentes estilos, algunos de ellos más recientes, como el modelo negro escote palabra de honor que lució Lady Diana, llamado el vestido de la venganza. La princesa o estrenó poco después de que su por entonces marido, el príncipe Carlos, admitió públicamente haber sido adúltero. El vestido que lució Diana era atrevido y seductor, de seda negra, ajustado, hombros descubiertos y escote corazón bastante pronunciado. Lo diseñó Christina Stamboliam, y Lady Di lo escogió como mensaje para demostrarle al mundo que era una mujer muy atractiva y empoderada, y no se dejaba hundir por lo sucedido.

Lectora voraz desde que era una niña, pronto aprendió a contemplar el mundo con la mirada entre curiosa y soñadora de quienes aman la literatura. Algunas de las horas más gratas de su vida las ha pasado sumergida entre las páginas de un libro, pero sin renunciar por ello al "mundanal ruído". Porque también aprendió tempranamente que, la única forma de entender la mayoría de las historias, es viviéndolas.